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La hora de las propuestas alternativas: la estrategia energética en positivo

Hace unos días, en una noticia de Crisis Energética, transcribían un artículo de Marcel Cordech que yo, en los comentarios, criticaba por que desmontaba, sin aportar ninguna alternativa, varios argumentos pro-nucleares, cuestionando la capacidad de la energía nuclear para ser una alternativa real ante los retos energéticos que nos avecinan.

En los propios comentarios, el propio Marcel discutía mi crítica… y con cierta razón, todo hay que decirlo, ya que yo no estaba criticando lo que decía, sino lo que no decía. Quizás esto no sea justo, por eso digo que tiene razón Marcel en su defensa.

Pasados unos días he vuelto a leer un artículo en el que se cuestionan los biocombustibles como alternativa energética; hace unas semanas leí uno en la revista de Ecologistas en Acción que intentaba desmontar punto por punto las "ventajas" de los biocombustibles. No hace falta recordar que los pro-nucleares tienen argumentos de sobra para ir desmontando las alternativas basadas en energías renovables.

Y entonces ha sido cuando me he acordado de los artículos que escribí en el que reclamaba un nuevo movimiento ecologista; la crítica principal era que el mensaje que fundamentalmente llega a la población es el mensaje del no.

Ahora me doy cuenta que no sólo pasa eso en el movimiento ecologista. Creo que venía a decirlo en los comentarios en Crisis Energética y de ahí mi crítica al artículo de Marcel.

Podemos hacer tres cosas con los retos energéticos que nos vienen: no hacer nada, equivocarnos o acertar en las soluciones que proponemos. Mi opinión es clara: de las tres, la por opción de todas es no hacer nada. Si nos confundimos, al menos podremos decir que lo hemos intentado y aprender con ello.

Y el problema es que todas las propuestas tienen inconvenientes, todas pueden ser, teóricamente, desmontadas… insisto en lo de TODAS: la nuclear, las renovables, los biocombustibles, los combustibles fósiles, la fusión nuclear o la economía de hidrógeno.

Y claro, no terminamos por optar por ninguna porque a todas las opciones las ponen a caer de un burro: Ni desarrollamos una economía renovable, ni cerramos las nucleares, ni hacemos otras nuevas, ni fomentamos tecnologías de carbón limpio, etc…

Por eso, creo que hoy en día no sirve de nada argumentar en contra de una propuesta y de ahí mi crítica (muy rigurosa y quizás exagerada) al artículo de Marcel o mi propuesta de un neoecologismo. No hay ninguna solución ideal, así que tendremos que asumir que hay que optar por la solución menos mala. Es hora de adoptar una estrategia energética en positivo y de las alternativas.

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3 comentarios

luis maroto figueroa -

Bla, bla, bla. Todos saben mucho y hablan mucho, pero nadie hace realmente nada. Y cuando no se hace, es que no se puede. Así de fácil es. ¿Quién renunciaría a la electricidad para volver al tiempo de las velas y candiles? Este que os escribe lo hizo durante 6 años.
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emilio -

Permiteme que introduzca una solucion, o al menos una herramienta para la busqueda de las soluciones: principio de precaución.

Akin -

Hay días en que, oyendo a algún ecólatra (me duele llamarlos ya ecologistas), uno se lleva la impresión de que la única solución válida para la crisis energética sería un exterminio masivo de la especie humana.
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