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Hacia un sistema energético apropiado (III)

En la primera entrega terminé apuntando que el problema energético no estaba en que no encontrábamos (o elegíamos) la tecnología o fuente de energía adecuada, sino el sistema energético. En el segundo capítulo expliqué en qué consiste lo que yo había denominado “sistema energético”.

Ahora una pregunta obligada: ¿cómo es nuestro sistema energético para que no sea apropiado? y la consecuente ¿cómo debería ser ese sistema energético apropiado?

Poniendo una etiqueta a nuestro sistema energético yo lo llamaría “sistema de las grandes centrales interconectadas”. Puede que no sea el nombre más adecuado pero espero que me sirva por el momento hasta que alguien me sugiera otro mejor.

Básicamente, el título lo sugiere todo salvo un detalle obvio; las centrales son propiedad de una o varias empresas eléctricas que nos venden la energía.

Las ventajas son importantes: no hay más que enchufar una lámpara y pagar el recibo para que tengamos electricidad sin que tengamos que preocuparnos de nada más (comodidad). El trabajo de las empresas – con las regulaciones establecidas por la administración pública- consiste en garantizarnos un suministro de calidad, ya que ese es su negocio y nosotros los clientes (garantía de suministro). Finalmente, destacaría que la economía de escala y los intereses económicos de las propias empresas favorecen que se desarrollen tecnologías eficientes (mayor eficiencia)

Sin embargo, es en otros aspectos donde este sistema deja de ser el “apropiado”.

Este sistema no garantiza por sí solo el cuidado medioambiental, que únicamente se cumple por cumplimiento legislativo o por marketing ante los clientes.

Se desvincula la producción de electricidad y su consumo ante los que tienen la llave del ahorro: los propios consumidores. Es tan cómodo dar al interruptor y las centrales están tan lejos que no somos conscientes de las implicaciones que tienen nuestras acciones.

El negocio de las empresas es vender electricidad ¿van a favorecer o fomentar políticas de ahorro? Sólo en el caso de que entre en juego el marketing o sea un mecanismo para garantizar la calidad de su servicio.

Supone una centralización económica entorno a las empresas y a las centrales. Y esto, que en sí no es malo, puede tener varias implicaciones negativas: desarrollo desigual y dependencia económica.

Además de la económica, destacaría la centralización de poder entorno a las empresas –con todas las matizaciones que queramos poner, que la legislación y la propia administración también cuentan- en lo que se refiere a política energética, decisiones sobre qué centrales instalar y donde.

La eficiencia y las grandes instalaciones fomentan un gran desarrollo tecnológico, que si bien no es malo, sí lo es cuando se excluye a parte de la tecnología. Se favorece a investigación en “alta tecnología” mientras que se abandona la “tecnología popular”. Todo aquel que no pueda acceder, quedará excluido del tren del progreso y el desarrollo.

No voy a negar los importantes avances que ha supuesto el modelo de las grandes centrales, consiguiendo extender un suministro bastante fiable a la mayoría (si no toda) la población del mundo desarrollado, pero llegados a este punto, el sistema actual no nos habilita para poder afrontar con suficientes garantías los nuevos retos: el cambio climático, la necesidad de ahorro y optimización en el consumo energético, las desigualdades tecnológicas y económicas entre países del Norte y del Sur y, finalmente, la participación de la ciudadanía en las decisiones políticas y económicas, que, ni de lejos, eran iguales que hace un milenio.

Actualización:
Antes en:
Hacia un sistema energético apropiado (I)
Hacia un sistema energético apropiado (II)
Continúa en
Hacia un sistema energético apropiado (IV)

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