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Lección sobre el sector energético: por qué liberalización no es desregulación

Suelo recibir la revista de Ecologistas en Acción y en ella es frecuente encontrar algún artículo sobre el sector energético en general y el sector eléctrico en particular. Es común encontrar una crítica al proceso de liberalización eléctrica que ha habido en España y afirmar, sin ni siquiera pestañear, que realmente ha sido un proceso de desregulación, como si ahora las empresas eléctricas danzaran como Pedro por su casa montando centrales donde les apetezca sin orden ni concierto. Así como está transmitido es totalmente incierto y no pretendo acusar a nadie de mentiroso o manipulador, sino de alejado de la realidad.

El proceso de liberalización no ha sido un proceso de desregulación. Tan sólo hay que mirar las páginas que ocupa la normativa antes y después de iniciar el proceso de liberalización y como muestra, comparad el Real Decreto 1955/2000 con el Decreto 2617/1966 al que sustituye. No sólo el nuevo es más largo, sino que es más completo, abarcando temas como la calidad del suministro, las condiciones de acceso a las líneas, los procesos administrativos de autorización o los registros de las instalaciones; nunca en la historia de este país había habido tanta regulación como la hay ahora. Y el Real Decreto 1955/2000 es una de las normativas que están regulando el mercado eléctrico (si bien es cierto, una de las más importantes).

En el trasfondo de ese erróneo enunciado ecologista hay una crítica legítima: no queremos que nuestro sistema energético esté controlado por empresas cuyo único objetivo es conseguir beneficios. Sin embargo, un esquema de liberalización eléctrica no tiene por qué ser peor que un esquema en el que el Estado marca cada uno de los pasos del sector energético.

Soy un gran defensor de la liberalización, pero con matices. El libre mercado puede ser una herramienta más para conseguir un objetivo: el desarrollo humano y sostenible. Otra herramienta debe ser la regulación. En esencia, lo que a la larga obtiene los mejores mercados es establecer unas reglas y dejar al sistema que evolucione de forma natural, con las correcciones y puntualizaciones necesarias a esas reglas. Esa es, más o menos, la idea de la liberalización y por eso es necesario, una vez que se inicia ese proceso, que se desarrolle un gran número de reglamentos, normativas y leyes que enfoque adecuadamente el libre mercado para conseguir un objetivo: el desarrollo (aquí omito los apellidos porque mucho me temo que no estaban pensando en el mismo tipo de desarrollo que yo)

Por contraposición; ¿qué nos hace pensar que un sistema energético dirigido por un Estado puede ser mejor? La pregunta no es tan absurda como pudiera parecer.

Cuando he hablado de soberanía energética he dado mucha importancia a la participación ciudadana en las decisiones energéticas, con objeto de que estas decisiones sirvan para el desarrollo humano. Aparentemente, un esquema energético dirigido por un gobierno democrático serviría para acercarnos a la soberanía energética para el desarrollo humano. Pero para eso, se deberían dar varias condiciones:

  • La primera, que la ciudadanía tenga la capacidad de información y la formación adecuada para optar por sus preferencias, con fundamento, en las opciones energéticas.
  • La segunda, que las decisiones energéticas sean capaces de influir en las elecciones de los gobernantes.
  • La tercera, que los políticos se den por aludidos por las reivindicaciones ciudadanas y actúen en consecuencia.

A día de hoy y como regla general, creo que no se da ninguna de estas condiciones y, en los casos en los que se da una de ellas, no se da el resto. Un ejemplo por cada una:

  • Fue escandalosa la noticia de la encuesta que revelaba que la mayoría de la ciudadanía creía que la energía eólica era la fuente de energía mayoritaria para producción de electricidad (primera condición)
  • La agenda de polémicas políticas o los motivos de "crispación" que suelen inclinar al electorado nunca incluyen cuestiones tan concretas como si se debe hacer o no una central en un sitio o en otro (segunda condición)
  • El actual gobierno incluyó en su programa el cierre de nucleares y todavía no existe ningún plan. Otro ejemplo es la oposición local del municipio de Arcos de la Frontera, que se movilizó junto con ciudadanos y ecologistas en contra de las centrales de ciclo combinado de Iberdrola y ahora, en el gobierno, no está siendo nada beligerante con esta empresa (tercera condición)

El resultado es que un sistema energético dirigido por el Estado no garantiza, de hecho, la participación ciudadana, sino la defensa de los intereses políticos de los dirigentes, lo cual, no sería importante si estos intereses fuesen el desarrollo real de sus ciudadanos. Recordemos que la crítica al sistema de mercado liberalizado es que, supuestamente, sirve en bandeja a las empresas el sistema energético, pero con la otra opción, es el Estado quien lo tiene, para configurar, a voluntad qué se hace, cómo y cuándo.

Aquí llego a un punto que me interesa, ya que casos como las OPAs sobre Endesa, la crisis del gas ruso o la actuación gubernamental española en el caso Repsol-Bolivia me hace pensar que no es el desarrollo lo que importa al Estado, sino el control político sobre un recurso estratégico, la relevancia internacional y el poder que aporta dominar un elemento básico del progreso y el desarrollo: la energía.

Por otro lado, los sistemas de libre mercado han demostrado un gran dinamismo económico, favoreciendo el desarrollo (económico) gracias a la iniciativa privada. Recordemos que las empresas –legítimamente- están para ganar dinero y si en el sistema que configures no pueden hacerlo, cerrarán las puertas y se irán a otra parte. Por eso, en un sistema energético estatal no puedes contar con su inversión ¿No es un coste innecesario para todos los ciudadanos que sea el Estado el que tenga que sufragar todas las inversiones energéticas?

La liberalización del mercado eléctrico es una herramienta para favorecer la inversión privada y optimizar el sistema eléctrico desde el punto de vista económico. La regulación del sector tiene que ser la otra herramienta básica para establecer los márgenes de libertad de esa liberalización, en materia de calidad de suministro, medio ambiente y seguridad. Creo que hay formas de complementarlas para que el resultado sea suficientemente satisfactorio para todos.

Por eso, al contrario de lo que esgrimen algunos ecologistas, la liberalización y la regulación eléctricas deben ser complementarias. Según cómo lo hagamos, conseguiremos un desarrollo humano y sostenible o conseguiremos… otra cosa.

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