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Imaginando el futuro

Como lo prometido es deuda, os extracto algunos párrafos del libro "El código secreto", de Jorge Sabaté. Ya os hablé de él hace algún tiempo. Es una forma de imaginar el futuro, más concretamente, hacia el 2070:

"- Lo que más me fascina, sobre lo que he leído, es que antes no se concebía una civilización sin petróleo y en cambio ahora vemos que era totalmente prescindible (...)

- Es verdad, mi querido señor. Lo que ocurrió en el siglo pasado es que toda la civilización estaba enfocada a la energía fósil. Es cierto que se dio un gran impulso a la energía nuclear tras la segunda guerra mundial, pero la poca seguridad que ofrecían los sistemas de entonces permitio un desarrollo de ésta muy limitado en comparación con el actual. La culpa del agotamieto de los recursos fósiles fue de esos estúpidos americanos, que no supieron aceptar que había que buscar otras alternativas; mire ahora cómo les va: olvidados al otro lado del Atlántico, sumidos en un retrógrado régimen militar religioso y sobreviviendo a duras penas. Nunca un imperio fue tan poderoso y cayó tan de prisa y con tanto estrépito. Se aferraron al petróleo a la vez que lo despilfarraban absurdamente en su economía beligerante cada vez más aislada; en diez años de guerras dementes acabaron con la capa de ozono y de paso con todas las reservas de combustibles viables, mientras que durante esos diez terribles años nosotros pusimos en práctica los desarrollos que precisamente ellos habían inventado. (...)" (p. 22)

"(...) Aquel que conseguía una casa, prácticamente solucionaba su subsistencia de golpe, pues como nunca hacía frío en Madrid, no eran necesarias las calefacciones. Un techo bajo el que cobijarse ya era una gran ventaja ante las tormentas invernales de lluvia encarnada. Pero especialmente, si alguien hubiese podido mirar desde el infecto cielo los tejados de la ciudad vieja, habría descubierto un enorme juego de millones de espejos reflejando el mórbido sol, absorbiendo su energía y transformándola en calor, luz, sonido, frío... Fue gracias al gobierno que se llevó a cabo el plan de placas solares para los habitantes del Distrito Financiero, y el resultado había sido óptimo." (pp. 33 y 34)

"(...) En las esquinas, los inmis negros y algunos blancos, probablemente norteamericanos, vendían fruta medio podrida y arroz con alubias rojas en perolas que mantenían calientes con resistencias conectadas a baterías de coche. Éstas eran muy resistentes, y a pesar de que la utilización de automóviles de propulsión combustible estaba extinguida, soportaban bien el paso del tiempo. Además tenían la ventaja de que el ácido sulfúrico era fácil de obtener mediante la destilación de la lluvia ácida. Así se conseguía una mezcla de ácido sulfúrico y nítrico que era impura pero que permitía funcionar a las baterías. (...) Por la noche subían a los tejados y conectaban las baterías a las placas fotovoltaicas; cuando de nuevo caía el sol las recogían, ya cargadas, y tenían energía portátil para varias semanas. (...)" (pp. 47 y 48)

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