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Resurrección y muerte de la energía nuclear

Si estuviésemos en Semana Santa, hablaríamos de "muerte y resurrección", pero no, en esta ocasión y para la energía nuclear el orden se inverte: durante el proceso de reanimación (¿resurrección?) de la energía nuclear en España, una serie de acontecimientos podrían haber dado el golpe mortal a esta fuente de energía.

Todo hay que decirlo, a escala mundial la energía nuclear está lejos de estar muerta. Quizás no viva un momento dorado, pero sigue muy viva. En España, la generación de ingenieros y técnicos que guardan el conocimiento sobre la construcción de estas centrales está empezando a desaparecer y el sector se pregunta si nos lamentaremos haber dejado jubilar y morir ese conocimiento.

Varias circunstancias han supuesto el esperado (para unos) y desastroso (para otros) resurgimiento de la energía nuclear: un precio del petróleo en alza y el cambio climático como gran (¿único?) problema medioambiental han supuesto que la energía nuclear entre en juego de nuevo. En España, J.L. Rodríguez Zapatero, ganador de las elecciones generales del año 2004, llevaba en el programa electoral la eliminación progresiva de la energía nuclear. Pero la falta de la concrección deseada por las asociaciones ecologistas, la nueva situación muncial (cambio climático y precio del petróleo) hacía sospechar que ese compromiso electoral podría caerse del programa. ¿Estaríamos volviendo a una resurrección de la energía nuclear en España? Incluso se veían encuestas en medios digitales de signo opuesto (El mundo y El País) que mostraban un posible cambio de percepción por parte de la población.

Sin embargo, una serie de acontecimientos han dado un golpe (¿de gracia?) a esta tecnología.

Empecemos por lo primero: la crisis hipotecaria/bancaria. ¿Y qué tiene que ver esto? Pues a lo mejor nada, que yo no soy economista, pero lo que me ha quedado de las explicaciones que encuentro sobre la crisis es que se trata, fundamentalmente, de una crisis de financiación, es decir, que cuesta más que nos den un crédito tanto a particulares como a empresas. Bien, pues uno de los obstáculos que tiene una inversión en una central nuclear es su coste inicial (muy grande) y el tiempo que empiezas a amortizarlo (posiblemente estemos hablando de 3-4 años de construcción). Esto implican importantes costes financieros y la necesidad de disponer de ese dinero (ya sea fondos propios o prestados) más complicado de conseguir en un mundo enzarzado en una crisis como la actual.

Zapatero volvió a ganar las elecciones, reafirmando su compromiso de eliminación progresiva de la energía nuclear. Si en las elecciones de 2004 podría interpretarse como una promesa para arrancar votos ecologistas, en el 2008 no era necesaria esa estrategia. Ya no es un compromiso que se pueda caer fácilmente, ya que lo tiene internalizado.

Y por último, el suceso de Ascó. Los pronucleares pueden argumentar que siendo uno de los sucesos nucleares más graves, no ha provocado ningún riesgo para las personas y el medio ambiente. Pero la sombra de Chernobil es alargada sobre todo cuando hay acusaciones de ocultismo de información y visitas colegiales de por medio. Cierto que su reactor RBMK tiene muy poco que ver con los PWR (Ascó) o BWR (Garoña) occidentales, mucho más seguros, así como lo controles administrativos y políticos, pero insisto... la sombra de Chernobil es alargada para el ciudadano común y por lo tanto, un riesgo para el político de turno.

¿Habrán sido estos últimos años de resurrección nuclear los últimos coleteos de una tecnología en decadencia? ¿O será, por el contrario, esta cadena de sucesos aciagos un obstáculo salvable ante la inevitable vuelta de la energía nuclear en España?

Dos aspectos marcarán la respuesta: la necesidad y las alternativas. Y el tiempo será el juez que dictará sentencia.

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